OTRA VEZ SOPA
Una semana entera viviendo al revés*. Aislada, como siempre sucede en esos casos. No recibo los mensajes virtuales ni atiendo las llamadas telefónicas, no me entero de las novedades cotidianas de mis vínculos cercanos ni de los eventos nacionales que cuentan en los noticieros locales. Ignoro por completo las redes sociales en todas sus formas. Ni siquiera dejo que el sol toque mi piel, ya que hasta evito salir a hacer las compras para no tener que cruzarme con otros seres humanos en el camino. Tampoco me gusta salir a caminar sin rumbo, sin un destino al cuál llegar. Creo que vivir al revés es mi manera de hacerme invisible. Como si me hubiera ido de viaje a un lugar sin antenas, sin señal, sin correo, teléfonos públicos ni wifi. A un lugar más natural, minimalista y rústico, con mis gatos seguramente, pero muy lejos de la ciudad y del mundo digital. Como una cabaña en el medio de un bosque; sin electricidad, internet, televisión ni computadoras, solo gar...