BREVE HISTORIA DE ALGO EFÍMERO
I
De manera tácita dijo algo que intentó repimir pero se le escapó, y se metió en problemas. El otro supo leer entre líneas de inmediato y no hubo vuelta atrás. Descubierta, atrapada in fraganti con las manos en el teclado, intentó cambiar de tema sin éxito. Era demasiado tarde. La desafiaron a explayarse y aunque pudo negarse y optar por el silencio, o el misterio, decidió intentarlo.
No es fácil ponerse en una posición vulnerable, frente a otro, cara a cara, y hablar verdades... Pensó, antes de confesar. La verdad es que no confía, del todo, en sí misma. Siente que no tiene límites su mente y es peligroso dejarse llevar. Teme perder el control, o la ilusión de que lo tiene, porque es un ser muy mental pero extra sensible, amante de las sensaciones físicas pero, a la vez, muy consciente de sus emociones.
II
Acostumbrada a censurarse, se aguantó las ganas de intentar volver una vez que se fue. Era muy tarde en la noche y se imaginó lo que podría llegar a suceder si volvía a cruzar esa puerta. Viajó en el tiempo, al futuro, una mujer repleta de imaginación, y pasaron cosas, en su mente, cosas que no son aptas para todo público.
No fue obsceno pero definitivamente erótico, y un poco sacrilegioso. Casi en cámara lenta se reprodujo la escena, cuadro por cuadro las imágenes de lo que podría haber sucedido si no estuviera domesticada, y siguiera sus impulsos sin culpa ni pudor. Despacio, todo, para sentirlo mejor. En privado, en confianza, habiendo ambos alcanzado una madurez sexual correlativa a la experiencia. Era una utopía sexoafectiva.
III
La vida real, sin embargo, es todo menos utópica. Esa noche, terminó caminando una hora hasta su casa, dónde reprimió los impulsos salvajes que la poseían hasta quedarse dormida de cansancio. El tiempo pasó, como lo hace, pero las ganas sobrevivieron. Prosperaron, incluso. Al día siguiente, la conversación aún fluía y la conexión que había entre ambos persistía. Entre bla, bla y blá, no tardaron mucho en concretar un próximo encuentro.
Lo hicieron, de hecho; se juntaron esa vez, pero no fue suficiente. Es que la pasaba bien, más allá del sexo. Creyó haber encontrado a una persona completa, como ella, multidimensional, con la que podía hablar, callar, reír, tomar, fumar, o ver películas, sin tener que diluirse para ser mejor tolerada. Aparte, le interesaba todo lo que aún no conocía. No era su cuerpo, en principio, lo que quería. Aunque bienvenido sea si se le ofrece pero como siempre, la realidad...
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