MEDUSA, LAS ESTATUAS, Y EL REBAÑO DE OVEJAS
Admito que se me hace muy difícil reconocer el límite entre lo que se puede hablar y lo que se debe callar. Perdón. Solía silenciarlo todo y procesarlo sola pero ya más grande, y pensándolo bien, me sentí una cobarde más, escondida en el rebaño de ovejas. Entendí que, en el siguiente paso de mi evolución, una de las cosas a corregir era ese aspecto de mi personalidad. Y lo hice. Fui valiente y me saqué el disfraz. Claro que entonces empecé a sentirme desnuda, y vulnerable, muy poca gente hay sin máscara en esta sociedad. Les da miedo la verdad. Se asustan al verla porque no es costumbre, lo normal es diluirse con agua para disimular las diferencias y amoldarse a los demás. Yo soy esencia de, y no me quiero diluir.
Me siento Medusa pidiéndote que me mires mientras vos cerrás los ojos con toda tu fuerza, pero quiero que bajes el escudo por un momento y percibas de una vez lo que ignorás. Que soy inofensiva en realidad. Moldeable como plastilina y amorfa como una ameba, que no hay nada que me digas que no pueda entender ni nada que propongas a lo que no me pueda amoldar. Te pido que no te inhibas, que no seas una estatua como todas las demás. Movete, por favor, reaccioná.
Parece que todo en este mundo es descartable. Se termina la vida útil, comienza la inútil, y el objeto es reemplazado por un modelo nuevo. Yo, sin embargo, más vintage que moderna, cuido las cosas y arreglo lo que se rompe. Lo mismo pasa entre la gente y sus vínculos, y la verdad es que no quiero reemplazarte ni que huyas antes de tiempo pero entiendo que es una opción. Tal vez sea hora de despedirnos. Quiera o no quiera, no depende solo de mí. Quizás mi esfuerzo por mantener la conexión entre vos y yo sea desmedido. De todas maneras, aprenderé una lección. Y no me arrepiento, espero que lo sepas. Por algo elegí, y sigo eligiendo, intentarlo con vos.
Comentarios
Publicar un comentario