DIA DE LA MADRE, NOCHE DE JUEGOS

 Y a vos ¿Quién te invitó?

  Me podría haber quedado donde estaba pero no, me fui a la noche de juegos. Pensé que si no iba podía perjudicar a un equipo por la falta de un jugador, me imaginé que teníamos que ser un número par para que haya justicia en el tablero. La vida, sin embargo, tenía otros planes. No se iba a jugar a nada esa noche, en realidad. Tampoco asistirían todos los jugadores. El resultado fue otro al final y por más que éramos cuatro, número par, no hubo necesidad de tablero. 

  La verdad es que yo no tenía tantas ganas de jugar, esa noche. No fue mi idea original. Me lo plantearon y acepté ya que la reunión era en mi casa. Pero me equivoqué. Lo que hicimos fue beber, hablar, escuchar música, hablar, comer algo, y hablar. Improvisamos, lo cual me agrada; en especial, la parte de la conversación. Estuvo bueno, para mí, ese momento. Rescatable, hasta que recordé cuán diferente soy de la gente normal.

  Fui transparente, me mostré como soy; vulnerable, confesé errores, admití defectos, compartí problemas y defendí posturas. Respondí, pregunté, y escuché. Opiné y profundicé. Nada fue superficial, por suerte. Creo que la comunicación es clave para vincularse con los otros humanos, y aproveché para practicar con esas personas que vinieron a jugar pero al final no jugaron.

  Había un nuevo plan en la mesa ahora, una salida ¿Habrán estado jugando todo ese tiempo y yo no lo sabía? Que no vamos porque va tal persona y tal otra no se la quiere cruzar, que mejor vamos porque no vino tal, entonces no importa si nos cruzamos con la otra. Que si, que no, que si. Fue natural cómo se dieron las cosas, al final, ellas bailan y yo no. 

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